OPINIÓN: La reelección es un error; sólo se gobierna una vez

Por Carlos Alberto Montaner
Nota del editor: Carlos Alberto Montaner es escritor y analista político de CNN. Sus columnas se publican en decenas de diarios de España, Estados Unidos y América Latina. Montaner es, además, vicepresidente de la Internacional Liberal. Su último libro es la novela "La mujer del coronel".
El boliviano Evo Morales va a aspirar a un tercer mandato presidencial. El parlamento promulgó una ley que lo autoriza a ello, frente a la opinión de la oposición que afirma que es inconstitucional.
Michelle Bachelet intentará volver al poder. La ley chilena autoriza la reelección dejando un periodo de por medio.
En Argentina, está abierto el debate sobre la reelección de Cristina Fernández, para lo cual habría que reformar la Constitución. La presidente lo ha descartado, pero algunos de sus partidarios insisten en ello.
En todo caso, opino que la reelección es un tremendo error. Es preferible que sólo se gobierne una vez. Puede parecer inconveniente negarle a la mayoría de los electores lo que supuestamente prefieren, pero hay que entender que una república constitucional no es exactamente una democracia electoral mayoritaria.
La república constitucional es una estructura política hecha de reglas e instituciones encaminadas a preservar los derechos individuales.
A mi juicio, es preferible que los presidentes ejerzan su cargo por una sola vez en la vida, sin posibilidades de ser reelectos, como sucede, por ejemplo, en México.
La no reelección impide el surgimiento de los caudillos. La no reelección obliga a quien ocupe la presidencia a hacerlo lo mejor posible porque no tendrá otra oportunidad de corregir sus errores. La no reelección facilita un tipo de gobierno en el que el mandatario no tiene que hacer concesiones indebidas porque no necesitará la ayuda de nadie para mantenerse más tiempo en el poder.
La idea de que un solo mandato no alcanza para desarrollar un programa de gobierno es absurda. Siempre se ocupa la presidencia a medio camino y se entrega a medio camino, porque gobernar es dirigir una barco que salió a navegar hace mucho tiempo, y seguirá navegando después de que el capitán del barco, o sea el presidente, lo abandone y le entregue el mando al sucesor.
La continuidad que necesitan las sociedades no es la de las personas, sino la de las instituciones y los planes de gobierno. Las repúblicas constitucionales ideales, las que mejor funcionan, son aquellas en las que las personas que las dirigen son mucho menos importantes que las instituciones y las leyes que las rigen. La sabiduría popular suele afirmarlo: nunca segundas partes fueron buenas.

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